Natalia Crecente
Segundo Fernández
Xosé María Torné
Álvaro Valiño
Natalia Crecente
Segundo Fernández
Xosé María Torné
Álvaro Valiño
Portada de la revista Harper's Bazaar, 1943.
Cartel, 1943.
Doble página interior de la revista Future no. 2, 1948.
Cartel Stop Nuclear Suicide, c. 1963.
Cartel de Pancho Lapeña.
Manuela nació en Vilaseca (Valencia) el 17 de noviembre de 1908 y falleció en Berlín el 7 de noviembre de 1994.
Artista de la vanguardia de los años 1930 y activista del bando republicano durante la Guerra Civil, fue una de las escasas mujeres que estudiaron en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos –se matriculó en 1922 con tan solo catorce años-, ya que procedía de una familia de artistas y tenía habilidad para el dibujo y la pintura. Su padre, Antonio Ballester Aparicio y su hermano Tonico fueron escultores. Este último se formó con ella en San Carlos.
En la Escuela conoce a Josep Renau –con quien contrajo matrimonio en 1932- y entra en contacto con otros artistas de la vanguardia valenciana. Con ellos participará en reuniones artístico-literarias enfocadas hacia la renovación del arte.
Durante los años 1930, colabora con diversas revistas y se convierte en una reconocida ilustradora. Dibuja figurines de moda para Crónica y Hogar y Moda e ilustra y hace fotomontajes para publicaciones de izquierda como Estudios, Orto y Nueva Cultura. Colabora, también, con la editorial Cenit y se encarga de las portadas de la colección Nostra Novela, además de realizar carteles. En 1936 realiza uno de los primeros dirigidos a las mujeres para animarlas al voto a favor del Frente Popular. Un año más tarde, colabora con Renau en la organización del Pabellón Español en la Exposición Internacional de París.
Finalizada la Guerra Civil marcha al exilio con su marido y sus hijos, primero a Francia y, después, a México, donde permaneció hasta 1959. Allí realiza murales y carteles de cine, junto a Renau, con quien trabajó en el taller estudio que fue la principal fuente de ingresos de la familia.
A partir de 1959 se instala en el Berlín Este, siguiendo a Renau. Allí trabaja para editoriales alemanas, realiza fotomontajes y dibujos para la Agencia general de Noticias Alemanas y dirige y colabora en una revista de moda.
Su relación con Josep Renau fue siempre difícil y, finalmente, acabó en separación.
Poco interesada en ser famosa, en las escasas entrevistas que le hicieron a lo largo de su vida, siempre habló más de su marido que de si misma. Por otra parte, la dedicación a sus cinco hijos restó tiempo a su desarrollo profesional. Todo esto es, sin duda, causa del escaso reconocimiento que, hasta el momento, ha conseguido su obra.
Si queréis conocer algunos detalles sobre la vida y el contexto de Manuela Ballester podéis consultar un artículo de Cristina Núñez Díaz en: http://debatabat.cat/web/read_article.php?article_ID=149&cat_ID=4
Recientemente (17 de noviembre), la asociación valenciana DonesenArt presentó el documental Manuela Ballester, el llanto airado, dirigido por la cineasta valenciana Giovanna Ribes, en colaboración con Concha Ros y Silvia Macip.
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Tarjeta de miembro de la Federación Democrática, diseñada por William Morris.

Releyendo un libro de William Morris, he encontrado el siguiente texto que, a pesar de que tiene más de 100 años, no me parece tan anticuado… (por desgracia).
“Y de nuevo la palabra arte me lleva a plantearme mi última exigencia, y es que el ambiente material que nos rodee sea agradable, generoso y bello; sé que es una exigencia ambiciosa, pero les diré que, si no puede ser satisfecha, si toda comunidad civilizada no puede proporcionar ese ambiente a todos sus miembros, no quiero que el mundo prosiga; la existencia del hombre habrá sido mera miseria. No creo que, bajo las actuales circunstancias, sea posible hablar con demasiada vehemencia sobre este asunto. Pero estoy seguro de que llegará el día en que la gente encuentre difícil de creer que una comunidad rica como la nuestra y con tal dominio sobre la naturaleza exterior, haya podido someterse a una vida tan mezquina, andrajosa y sucia como la nuestra.
Y, de una vez por todas, no hay nada en nuestras circunstancias, salvo la persecución del beneficio, que nos arrastre a ello. Es el beneficio el que amontona a los hombres en enormes e imposibles aglomeraciones llamadas ciudades, por ejemplo; es el beneficio el que allí los hacina en barrios cerrados, sin jardines ni espacios abiertos; es el beneficio el que no toma la más mínima precaución contra la inmersión de distritos enteros en nubes de humos sulfurosos, que transforman hermosos ríos en inmundas cloacas; el que condena a vivir a todos, salvo a los ricos, apretujados en viviendas estúpidamente reducidas en el mejor de los casos, porque en el peor, no hay ni siquiera palabras para designar tal ruindad.
Me parece casi increíble que podamos soportar tan crasa estupidez; pero sé que no lo haríamos si pudiéramos remediarlo. No la soportaremos cuando los obreros se quiten de la cabeza que son un mero apéndice del proceso de creación de beneficios, que cuanto más beneficios se obtengan, mayores empleos y salarios más altos tendrán y que, por lo tanto, toda la inmundicia increíble, el desorden y la degradación de la civilización moderna son signos de su prosperidad; lejos de ello, son los signos de su esclavitud. Cuando hayan dejado de ser esclavos exigirán, como lo más natural del mundo, que cada hombre y que cada familia sea alojada con holgura; que cada niño pueda jugar en un jardín cercano a la casa de sus padres; que las casas, por su evidente decencia y orden, puedan ser ornamentos de la naturaleza y no desfiguraciones de ella, porque es casi seguro que la decencia y el orden mencionados, cuando lleguen a ser habituales, llevarán con casi toda certeza a la belleza en la construcción. Todo esto supondría, por supuesto, que las gentes –es decir, la sociedad en su conjunto- debidamente organizadas, en posesión plena de los medios de producción, no como propiedad individual, sino empleados por todos según lo exija la ocasión; y no sólo en esos términos es posible; en cualesquiera otros la gente será arrastrada a acumular riquezas privadas para sí misma, y la consecuencia será una vez más el derroche de los bienes de la comunidad y la perpetuación de la división de clases, lo que significa guerra y despilfarro continuos.” (William Morris. Cómo vivimos y cómo podríamos vivir. Conferencia publicada en 1887).
Christmas Card Making Machine de Wieden + Kennedy
Espacio interactivo Wishing Well en Covent Garden (Londres).Aunque los días han pasado volando y parece que estas “entrañables” fiestas se acaban, todavía estáis a tiempo de enviar una felicitación a vuestras amistades. Para los que estén demasiado ocupados y no dispongan de un minuto libre para diseñarla, la agencia londinense Wieden + Kennedy ofrece su máquina de hacer christmas, que os facilitará muchísimo el trabajo: http://www.christmascardmakingmachine.com/Desde luego, el pavo no tiene precio...
De paso, aprovecho para añadiros el link que me ha mandado Oriol Nicolás de Jordiboix40gurus con la irreverente felicitación del estudio http://vimeo.com/2563026
Y si alguno tiene previsto visitar Londres en estas fechas puede aprovechar para acercarse a Wishing Well, un espacio interactivo diseñado por la agencia Freestate, en Convent Garden. El público puede expresar sus deseos (navideños o no) haciendo una llamada desde su teléfono móvil y el sistema SpinVox convierte, automáticamente, sus palabras en un texto que puede verse en las paredes, en tiempo real. Si visitáis la web: http://www.spinvoxwishingwell.com/ encontraréis algunos de esos deseos.